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Dreamer, el secreto de vivir soñando...

Reflexiona...

Reflexiona...

El tiempo se me escurre como el agua de las manos. Ha pasado otra semana más, y van tres.

El mundo sigue girando y aunque feliz, siento que me he bajado de él, un ritmo de vida frenético me invade y me hace vivir ajeno a todo cuanto me rodea, y eso no me gusta. Aunque por otra parte me da mucho tiempo para pensar, y reencontrarme una vez más creciendo en la soledad.

Pero esto suele pasar muy a menudo, se vive tanto y tan deprisa que se deja de vivir.

Os propongo una imagen: Una persona cualquiera, en medio de la multitud, refunfuña porqué no recuerda exactamente qué es lo que buscaba, qué es lo que quería hacer, hacía dónde enfocaba sus pasos o hacía quién. Camina y camina contracorriente un buen rato desorientado, haciendo ademanes con las manos y llegándose a enfadar consigo mismo por ser tan estúpido por no recordar adónde tenía que ir y lo que tenía que hacer.

Seguro que más de uno os identificais con esta escena, ¿verdad?. Cuando nos paramos, cuando detenemos nuestro rumbo prefijado de piloto automático que nos impone la rutina para parar a escucharnos un poco, nos desconectamos del entorno y potenciamos nuestras cualidades. Y, en consecuencia, somos más utiles para con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea.

La reflexión es algo que, para ser algo genuínamente humano, no explotamos demasiado. Y es lamentable que en un mundo de prisas en el que al reloj le faltan horas, nos parezca que detenernos un momento es un lujo que no nos podemos permitir.

Por eso, aprovecho para lanzar un importante llamamiento de alerta: la reflexión está en peligro inminente de extinción, porqué sentimos que es una pérdida de tiempo el tener que pararnos a pensar nosotros mismos.

Eso con un poco de suerte, hay algunos peores que no lo consideran una pérdida de tiempo porqué ni siquiera se plantean el poder hacerlo. Han olvidado la importancia de mirar en su interior.

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2 comentarios

Carlitos -

Uf, la \"poética\" de Aristóteles, \"en el término medio está la virtud\". Realmente tenía razón, de la misma manera que tú la tienes varios siglos después. Ese es el tan ansiado equilibrio que el hombre busca sin cesar y que le otorgaría la más plácida felicidad. Pero, ¿qué dificil es verdad?, tú lo resumes muy bien con tu típica ironía en la última frase. Realmente yo soy como tú, esa clase de personas que hace pocas locuras, que no arriesga cuando puede perder algo. Pero realmente para ganar en ocasiones hay que arriesgar, no sé, es algo complicado. Hay veces que uno arriesga y pierde, y siente que jamás debió poner tanto en juego. Aunque quizás es peor cuando no arriesgas, y realmente ya te sientes perdedor de antemano por no haberlo intentado, y quedarte con la duda, que al fin y al cabo es lo que más desgasta al alma. Ya sabes lo que dicen, que sin riesgo no hay gloria, así que un día de estos dejaré el raciocinio en casa y actuaré diferente. Quizás ese sea un paso adelante, o quizás hacía atrás, no sé, el tiempo dirá...Mientras tanto seguiré pensando en ello. no vaya a ser que me pille en frío y cometa una locura ;) Un beso Rebekita!

Rebeca -

Si, tienes toda la razón... Muchas veces no apreciamos aquellas cosas que nos diferencian del resto de las especies, que nos hacen especiales, únicos, inigualables. Reflexionar es una de nuestras capacidades más definitórias y de la cual no todos hacemos un buen uso. Hay personas que actuan sin pensar, hablan sin razonar, viven sin en realidad saber para que estan aquí. Creo que nuestro cerebro es una de las 7 maravillas del mundo, algo que nos permite tener consciencia de nuestros actos y que nos ayuda a encontrar los pros y contras de cada situación. Si hicieramos un uso mas adecuado, e incluso mas habitual, todos gozariamos de la magnifica sensación que proporciona el saber en cada momento el porque de lo que vemos, hacemos, pensamos, sentimos,... No todo es controlable, pero ¿por qué no intentarlo? Yo soy una persona que lo piensa todo mil veces antes de actuar. Quizás esta no sea la mejor solución, ya que en mi opinión pensarlo todo demasiado restringe nuestras posibles vivencias y no pensar en nada también puede convertirse en un limitador. Se podría decir entonces que nada es malo en exceso... por lo tanto, ¿qué tal un punto medio? Si lo encuentras dale mi dirección, lo estaré esperando!!

Besitos, Rebeca
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