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Dreamer, el secreto de vivir soñando...

Chapotenado...

Chapotenado...

Estoy viendo la televisión cuando de repente un flash se cruza ante mi mirada, un imponente rayo con su consecuente trueno. Tras un estruendo que apuesto habrá removido los cimientos del mismísimo infierno, cae una cortina de agua como lleva repitiéndose ya demasiadas veces en los últimos días.

La alerta empieza a disiparse, aunque da la sensación de que en una de estas la corriente nos arrastrará a todos calle abajo depositándonos en el océano, aunque ya una vez allí cada uno debiera seguir su camino.

Por un instante apago la televisión y me dedico a observar y sentir la lluvia. Es increible como esta debilita los corazones.

Cuando llueve unos lloran de pena y otros de alegría, pero tanto a unos como a otros algo les sucede que hace que la lluvia altere su corazón, y eso no es otra cosa que la sensibilidad y la melancolía.

Al ver las gotas caer el cielo llora, y con los truenos expresa el mayor de sus lamentos. Y tras sus lágrimas, las nuestras.

Lágrimas por lo que ya no está, por lo que somos y por lo que nunca vendrá. Lágrimas de pena u orgullo (en el mejor sentido de la palabra), pero lágrimas en definitiva.

Estos últimos días se veía a la gente triste por el hotel, apagados, ausentes...Me he encontrado con pensamientos tomando algo en el bar, lágrimas devolviendo llaves en recepción, dos corazones alquilando un coche para perderse en algún lugar muy lejano, ví un amor roto, uno por conveniencia, vi ansias de gloria jugando al billar e incluso el rencor andaba por allí rondando bajo la lluvia (aunque ni se inmutaba), ví una mirada perdida buscándo su dueño y un amor de infancia totalmente desesperanzado.

Eso es lo que tiene la lluvia, al igual que lo tiene la navidad y tantos otros momentos en los que por circunstancias, tenemos momentos de soledad en los que mirando en lo más profundo de nuestra alma, rescatamos toda clase de recuerdos y sentimientos.

Así son los días de lluvia, a mi también me afectan, cada gota que cae, cada sonido del agua contra el suelo me trae un recuerdo o una sensación (más o menos lejana en el tiempo, pero real). Así, inevitablemente te acuerdas de quien no está hoy, de quien no quieres que vuelva a estar, de quien sabes que no va a estar nunca y de quien estará siempre. Yo debo reconocerlo, una vez más, me acordé de ti.

El día de ayer acabó con lágrimas, lágrimas de compañeros. Sé que ni puedo ni debo alegrarme de males ajenos, y no lo hago, pero siendo honesto y con el corazón en la mano debo admitir que sus lágrimas me acercan a mi mucho más a la sonrisa, a la meta, a mi objetivo...

Así, a los que abandonan el barco buen viaje, pero hoy, siento que el timón está mucho más cerca.

CHOF, CHOF!...El rudio de los pies pisando chracos me transportan al momento cuando era niño. Vulnerable bajo la lluvia vuelvo a ser ese niño que ríe, salta, chapotea y que, mirándo al cielo mientras abre los brazos y cierra los ojos, deja que la lluvia le golpee una y otra vez haciéndole sentirse más vivo.

Todos algún día deberíamos hacer algo así y volver a sentirnos de nuevo niños...

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