En ese gran manto azul profundo se perdió... Igual que, también perdidos, viajan junto a vosotros mis recuerdos y mis sueños, mi pasado y mi futuro. Debo seguir entre esta brisa, este olor a mar, estos atardeceres, estas noches.
Mi infancia reposa en tus calles. Castillos de arena, mareas, peces de colores que me traen noticias vuestras. Te recuerdo, te recuerdo, te recuerdo y ya se me hace habitual descubrir que os echo de menos; aún así hoy lo grito a quien me mira, lo escribo con las uñas en las paredes de cada habitación.
Tan acostumbrado a esta pena que hoy me arde, que me destruye, que me hace regresar del pasado sin ganas de luchar, que me vuelve loco, me emborracha, que me tambalea de esquina en esquina deseando volver a sentir tu paz.
Hoy tengo mucho y a la vez no tengo nada que decir… ¿para qué? Ya está todo dicho y mi cabeza va ahora más deprisa de lo normal… Mañana, cuando salga el sol, me acordaré de ti, de ella, de él, me acordaré de vosotros y de los kilómetros de vacío que no podré acortar de ninguna manera…
Hoy no soy más que un niño perplejo ante la inmensidad del oceáno, que trata de comprenderlo tirando piedras para ver si consiguen llegar hasta la otra orilla. Si ellas pueden quizás también lo logre yo.
Y pensaré que a tu lado no hay ningún hueco que llenar, ningún espacio en el que quepa yo… Pensaré que no estáis solos y que no soy yo el que está con vosotros, y pensaré que algún día tenía que pasar…. Sabía que esto sucedería… , no se puede vivir siempre entre dos mundos, al filo de la navaja. Hoy creo que dos meses fueron demasiado. Demasiado tiempo para volver a dejarlo atrás.
Y sin embargo hoy tengo la sensación de que mi sangre abandona el torrente sanguíneo y mi corazón se detiene durante unas décimas de segundo como si ya no le importara nada. Durante esas décimas, el suelo se abre bajo mis pies, como aquella otra vez, sentado en este mismo lugar… de nuevo incapaz de asimilar lo evidente.
No he querido despedirme con pañuelos, no quise despedirme con sabor a despedida, para no sufrir, para no volverme sarcástico, para no ponerme triste e impertinente y que me lo notarais… porque la verdad es, que a pesar de todo, no quiero estar sólo… aunque la vida me haya deparado esto ante mis ojos.
No quiero pensar en nada porque ya siento esa angustia y ya comienzo a notar esa mano invisible que desgarra mi corazón hasta dejarlo convertido en un montón de jirones sangrantes, llenos de agujeros en los que únicamente cabe soledad.
Debería aprender a no comprometer tanto al corazón, a ser más inabordable, más misterioso, dar menos confianza y ofrecer aún menos… para evitar que los cambios me afecten demasiado, para poder aceptar mejor que las cosas empiezan y terminan, que no todo tiene por qué tener una duración prefijada, que a veces todo termina incluso antes de haber empezado, que no siempre se pueden aprovechar las oportunidades que la vida te ofrece y que a veces debe hacerse aunque ello duela, para aceptar que cada uno siga su camino por mucho que transcurran en direcciones opuestas.
Debería guardarme los sentimientos bajo llave y no permitirles que salgan a flote cuando les da la gana. Últimamente se han empeñado en estar presentes en todo, en este lugar, la amistad eterna, la familia como parte de mí, un sentimiento nuevo y especial… Y nunca me ha traído nada bueno sentir demasiado. Cuando me muestro vulnerable ante todo, al final acabo siéndolo y no me lo puedo permitir. Debería haberlo aprendido hace tiempo en este pequeño mundo. No es bueno dejarse llevar por cantos de sirena, por espejismos…
Lo presiento, será visto y no visto, y ya es tarde porque ya es personal… Ahora sí me entristecerá cuando las cosas sucedan como deben suceder.
Tarde… siempre tarde; la historia de mi vida.
Pero ha sido demasiado especial.
Incontrolable...
Hoy me vestiré de tu mar y dejaré que me ahogue. Hoy nos encontraremos, aqui, allá... siempre en mis sueños.
Y mañana será otro día...